Este es solo uno de los escritos de Don Jimmy, pero tiene más de 100 en la USB que carga en su cuello como el tesoro más valioso del mundo. Ayudémoslo a cumplir su sueño y que tenga su libro en las manos 🤩
RAMIRO ESTÁ EN LA CÁRCEL
Hoy, al ir regresando a casa después de un pesado día de trabajo, me detuve en la tienda que está cerca a mi domicilio; quería tomarme un par de cervezas antes de irme a descansar. Salude, al tendero y le pedí lo que deseaba. Inicialmente no me senté, porque no pensé demorarme, eran solo dos cervezas y me iría a casa. Mientras apuraba con avidez mi bebida, recordé con cierta nostalgia a Ramiro, y mire hacia la mesa que habitualmente compartimos de cuando en cuando, y me pregunté: ¿qué habrá sido de él?
A pesar de que no iba a quedarme mucho tiempoen la tienda, no pude evitar ir hasta esa mesa, y sentarme justo en el lugar que él regularmente ocupaba. Ramiro siempre se sentaba frente a la ventana, para poder mirar hacia la calle, porque según él, le gustaba disfrutar del espectáculo que le ofrecían las personas que pasaban caminando graciosamente. Por mi mente pasaron los gratos momentos que pasamos en aquella mesa en compañía de nuestros amigos, a veces jugando dominó, a veces a las cartas, o simplemente, hablando mierda del prójimo.
Y recordé, que Ramiro siempre se había caracterizado por su particular deseo de servir a los demás, en la medida de sus posibilidades; era un buen amigo, era mi amigo, era el amigo de todos.Qué pena sentí por él, al recordar aquel fatídico día en el que fue conducido a prisión. En aquella oportunidad, yo departía con otros amigos, cuando Ramiro llegó a la tienda. Le invitamos a nuestra mesa, y se sentó justo donde le gustaba. Habían pasado unos treinta minutos, cuando nuestro amigo fijó su mirada de una manera extraña en la ventana, al parecer, a través de ella vio algo que llamó su atención, pues se puso de pie, e inmediatamente salió de la tienda quedando en regresar en un momento.
Al notar que se tardaba, me disculpé con mis amigos y salí a la calle, buscando saber porqué no regresaba, y para mi sorpresa, al dar vuelta a la esquina, lo hallé en el piso visiblemente golpeado, lo que me hizo suponer que lo habían atracado. En tanto que yo corrí en su auxilio, pude ver un vehículo que aceleraba su marcha, y vi, que dentro de el, iba una mujer mirando hacia atrás, y cuyo rostro se me hizo familiar. Ayude a mí amigo, y mientras lo hacía, le pregunté qué le había pasado, pero todo lo que me respondió fue: nada, no me pasó nada. Vamos, ayúdame a poner en pie y volvamos a la tienda.
Ninguno de los que estábamos reunidos lo había visto beber aguardiente, pero aquella tarde, al volver a la tienda pidió una botella, y empezó consumirla a tragos largos y a pico de botella.
Nosotros lo mirábamos sin saber qué decir, puesese cambio tan repentino, nos impedía proferir palabra, además, no sabíamos qué le había ocurrido, ni porqué estaba golpeado, él sólo bebía sin mirarnos, y aunque mantenía su cabeza baja, no podía esconder el enojo que al parecer sentía. De pronto, puso su mirada sobre nosotros, y con una voz desgarradora dijo: juro que si la vuelvo a ver la mato.
Luego se puso en pie, y ante nuestro asombro,terminó de vaciar la botella y la estrelló contra el piso, y luego salió sin despedirse. Al verlo en ese estado tan deprimente quise acompañarlo, pero él, señalándome con el dedo índice de su mano derecha, me dijo en tono de advertencia: déjame solo, o no respondo. Después, lo vi caminar torpemente hacia su casa.
No sabíamos que pasaba en su vivienda, pero cuando íbamos a nuestras casas, nos extrañó ver una ambulancia y una patrulla de la policía frente a su domicilio, y más nos sorprendió, ver que sacaban a alguien en una camilla, y después a Ramiro esposado. Ramiro y yo pudimos cruzar nuestras miradas antes de que lo subieran al vehículo policial, y por la expresión de su rostro adivine que algo grave había ocurrido. Luego de subirlo a la patrulla, fue conducido a la estación de policía. Con todo, ninguno de nosotros quiso indagar sobre lo que ocurría.
A la mañana siguiente fui hasta donde estaba privado de la libertad, pero no me permitieron verlo,aunque insistí, y todo lo que pude averiguar, fue que estaba sindicado de tentativa de homicidio, y que en las próximas horas, seria conducido a una cárcel. Bastante preocupado por lo que le pudo haber pasado en su vivienda, me dirigí a mí trabajo. Al terminar mi jornada laboral, mis pasos me llevaron presuroso a su casa, y allí, conocí por palabras de sus vecinos, los hechos por los que lo llevaron a prisión.
Lo que me contaron me crispó la piel; yo no podía creer lo que escuchaba, pero esto fue lo que condujo a Ramiro a presidio: él, al llegar a su casa después de dejar la tienda, pasó a su habitación y se sentó en la cama, luego, al pasar algunos minutos, su pequeño hijo de tan solo un año, lo sacó de sus pensamientos a través de su llanto. Con la intención de consolarlo quizás, fue hasta su cuna, y lo miró tan tierno e indefenso como estaba, y puesto de rodillas le hablaba, tal vez contándole lo que le había ocurrido esa tarde.
De pronto lo miró de forma amenazante, dando la impresión de que estaba viendo a su peor enemigo en el rostro de su hijo. Se agarró la cabeza con desesperación, y se encaminó hacia la cocina, allí tomó un cuchillo y volvió al cuarto, y ante la mirada aterrada de los habitantes de la casa, se acercó al chiquillo que aún lloraba. La gente de la casa presagio lo peor, y vieron estupefactos, cómoelevaba su mano con el cuchillo empuñado, con la clara intención de descargarlo en la indefensa humanidad del infante, que ya no lloraba, en ese momento, el bebe le sonreía, mientras alzaba sus pequeños brazos hacia él, como pidiéndole que lo cargara.
Unos gritos angustiosos lo hicieron mirar hacia la puerta de su habitación, y escuchó los ruegos de sus vecinos que le pedían que no lo hiciera, y al instante, dos hombres se abalanzaron sobre él tratando de desarmarlo. Desafortunadamente, durante el forcejeo, uno de ellos recibió dos heridas graves que estuvieron a punto de cegarle la vida. Salí de la casa sin haber pronunciado una palabra y me encamine a la tienda, y allí, bebí varias cervezas en silencio, y preguntándome, qué había ocurrido para que Ramiro hubiera obrado de esa manera tan irracional, pues en la casa donde vivía, también ignoraban el motivo. Al rato, dos de nuestros amigos llegaron a la tienda; ellos querían saber qué había sucedido con Ramiro, y donde estaba. Los mire con los ojos llenos de tristeza, y les respondí: Ramiro está en la cárcel.
No supe cuánto tiempo transcurrió mientras pensaba en la suerte de Ramiro, solo sé, que al reaccionar, yo estaba solo, los amigos se habían marchado, pero el tendero, que había escuchado lo que les dije, ahora se encontraba junto a mí; me ofreció otra cerveza, toco mi hombro, me mirócompasivo y se alejó. Después me puse en pie, y dejando sobre la mesa el dinero de lo que consumí, dejé el lugar.
Yo nunca deje de averiguar sobre la suerte de Ramiro, y a pesar de negarse a recibir visitas, siempre le hacía llegar a su celda algún bocadillo y una cajetilla de cigarrillos. Sin embargo, uno de esos días en los que fui a visitarlo, recibí con sorpresa y agrado, la autorización de ver a mi amigo. Al verlo, me sentí feliz, pero su aspecto me causó una gran pena, pues se le veía cansado y muy abatido.
-Hola amigo mío -me dijo forzosamente- te he extrañado.
-Igual yo Ramiro ¿Cómo has estado?
No me respondió, pero por la forma en la que me miró, adivine que no le gusto la pregunta. Al principio nos miramos sin hablar, luego, él rompió el silencio para preguntarme: ¿Qué pasó con mi hijo, lo sabes?
-Él está muy bien, puedes estar tranquilo; sigue en la casa donde vives.
-¿Donde vivo? Que irónica es la vida, mi mujer me dejó, y los de la casa se quedan con mi hijo -dijo sin poder ocultar la ira, y guardó silencio por unos instantes. Pero dime, -continuó- ¿Te gustaría saber lo que ocurrió aquella tarde?
-Si eso te hace bien, sí, quiero saberlo -le respondí algo nervioso.
-Bien, aquella tarde, en la que departíamos ajenos a cualquier desgracia, sucedió algo que no esperaba jamás. Descubrí que María me engañaba con mi propio hermano. Así es amigo. Recuerdo,que cuando la vi a través de la ventana de la tienda, ella caminaba algo de prisa, llevando a su espalda un morral, pero nunca imagine que se fuera con mi hermano.
Recuerdo también, que deje el lugar sin sospechar lo que se me venía encima. Mi sorpresa fue enorme, cuando me di cuenta que se marchaba, y con quien lo hacía. Obviamente yo exigí una explicación, pero por respuesta, recibí de mi hermano un golpe que me tiró al suelo; yo me incorporé rápidamente y lo agarre a golpes, pero no contaba con que María saliera en su defensa. En resumen, entre los dos, me propinaron una paliza y se subieron en un taxi, luego llegaste tú y volvimos a la tienda. ¿Recuerdas?
-Si Ramiro, lo recuerdo bien, y también recuerdo lo que pasó después, porque yo fui a tu casa para saber porque te habían llevado preso, y allí conocí la razón.
Ramiro se tomó el rostro con las dos manos, y lloródesgarradoramente, mientras yo lo miraba muy conmovido. Algunos minutos después, levantó su rostro para mirarme y me atreví a preguntarle:
-Ramiro, ¿Cuando tú juraste que si volvías a verla la matarías, te referías a ella?
-Así es.
-Y en verdad… ¿lo harías?
-¡Sí! Sí lo haré -respondió muy seguro- Pero bueno amigo, no solo tenía una historia trágica que contarte, también tengo buenas nuevas, por eso acepté tu visita. Veras, el juez que maneja mi caso, me aseguro que el jurado votó a mi favor, al conocer las razones de mi proceder, además, el vecino que resultó herido se salvó y no instauró una denuncia, así que, dentro de pocos días saldré en libertad.
Los guardas anunciaron que la visita había terminado, y no pudimos hablar una palabra más. Sin embargo, la ligera sonrisa de Ramiro, dejaba claro que estaba tranquilo, yo por mi parte, también lo estaba. Los días pasaban sin que pudiera ver a mi amigo y sin saber nada de él. Los vigilantes argumentaron que no quería visitas, y no me dijeron por qué. En el juzgado conocí la causa de su negativa a verme: María lo fue a visitar, y Ramiro cumplió su promesa. Ahora purga una sentencia de cadena perpetua.
Autor: Jimmy Spindola
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